Sí. Si el pavimento está estable y evacúa correctamente el agua, normalmente puede instalarse encima sin levantarlo. Revisamos pendientes, sumideros y perímetros para no crear puntos de encharcamiento ni bloquear desagües.
Depende del uso. No siempre el césped más alto o más denso es el más adecuado. Valoramos tránsito, tacto, recuperación de fibra, exposición al sol, facilidad de limpieza y si habrá niños, mascotas o mobiliario encima.
La preparación de la base es fundamental. Se retira vegetación y material inestable, se nivela y compacta el terreno y, cuando procede, se coloca geotextil antes de instalar y fijar el césped.
Sí, siempre que se elija un modelo apropiado y la instalación respete la evacuación del agua. En piscinas cuidamos especialmente los cortes, bordes, duchas, sumideros y zonas donde se camina descalzo.
Sí. Conviene escoger un modelo resistente y fácil de limpiar, con buen drenaje. La limpieza periódica y el aclarado de las zonas de uso ayudan a mantener la superficie en buenas condiciones.
Puede calentarse cuando recibe sol directo intenso, como ocurre con muchas superficies exteriores. Por eso conviene elegir el modelo teniendo en cuenta la exposición y el uso, y valorar sombra o un aclarado puntual con agua cuando se busca mayor confort en las horas de más calor.
Mucho menos que el césped natural, pero no es mantenimiento cero. Conviene retirar hojas y suciedad, cepillar la fibra cuando se aplaste y limpiar las manchas o zonas de mayor uso para conservar el aspecto.
El precio depende de los metros, el modelo elegido, el tipo de soporte, la preparación necesaria, el acceso y la complejidad de cortes y remates. Para dar una cifra responsable necesitamos conocer el espacio y el uso previsto.